Ucrania advierte que Rusia podría atacar la central nuclear de Zaporiyia. ¿Cuánto debería preocuparnos?

(CNN) — Las tropas rusas ubicaron «objetos parecidos a explosivos» en los tejados de la central nuclear de Zaporiyia (ZNPP, por sus siglas en inglés), según declaró este martes el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, en un discurso grabado en video que despertó gran  preocupación en todo el mundo.

«Tal vez para simular un ataque a la central. Tal vez tengan algún otro escenario», especuló Zelensky.

Pero en un punto fue claro: «En cualquier caso, el mundo ve –no puede dejar de ver– que la única fuente de peligro para la central nuclear de Zaporiyia es Rusia y nadie más».

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, lleva planteando la amenaza nuclear desde que lanzó su invasión de Ucrania. Zelensky ha puesto ahora sobre la mesa la posibilidad de que provoque un incidente nuclear no disparando cabezas nucleares, sino convirtiendo a la propia central nuclear de Zaporiyia en un arma.

Pero, ¿qué ocurriría si detonaran los explosivos que Ucrania afirma haber encontrado? ¿Podría convertirse Zaporiyia en otro Chernobyl? ¿Y de qué le serviría a Rusia en su guerra contra Ucrania?

Esto es lo que hay que saber.

¿Cuál es la situación actual?

En junio, Zelensky dijo que la inteligencia ucraniana había «recibido información de que Rusia está considerando un escenario de un ataque terrorista en la central nuclear de Zaporiyia (ZNPP)», y que el supuesto ataque implicaría una «fuga de radiación».

El jefe de la inteligencia militar de Ucrania, Kyrylo Budanov, declaró a la televisión estatal que los rusos habían minado la central de Zaporiyia. «Lo más horrible es que minen un enfriador. Si lo inutilizan haciéndolo estallar… es muy probable que haya problemas importantes». El Kremlin negó las acusaciones.

Zelensky intensificó significativamente esta retórica en su discurso del martes por la noche. «El mundo entero debe darse cuenta ahora de que la seguridad común depende enteramente de la atención global a las acciones de los ocupantes de la central», dijo.

Mientras la contraofensiva ucraniana intenta recuperar el territorio capturado por Rusia, incluida la región de Zaporiyia, los analistas han afirmado que Rusia podría estar montando una operación de bandera falsa, una acción militar diseñada para que parezca perpetrada por el adversario. Es decir, Rusia puede alegar que cualquier explosión en la central eléctrica fue el resultado de un bombardeo ucraniano imprudente, en lugar de sus propios explosivos.

A lo largo de la guerra, Rusia ha advertido que los bombardeos ucranianos alrededor de la central podrían provocar un incidente radioactivo.

«Se trata de una señal retórica destinada a acusar a Ucrania de irresponsabilidad nuclear, y también a disuadir a Ucrania de llevar a cabo operaciones de contraofensiva en la provincia ocupada de Zaporiyia», declaró a CNN Karolina Hird, analista de Rusia del Institute for the Study of War.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo a los periodistas este miércoles que la situación en la planta es «bastante tensa», pero trató de desviar las críticas, afirmando que el potencial de «sabotaje por parte del régimen de Kyiv» es «alto» y podría tener «consecuencias catastróficas».

«Por lo tanto, por supuesto, se están tomando todas las medidas para contrarrestar esta amenaza», dijo Peskov.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el organismo de vigilancia nuclear de las Naciones Unidas, dijo en una actualización este miércoles que no había indicios visibles de minas o explosivos en la ZNPP, pero pidió acceso adicional al sitio para confirmarlo.

«El acceso a los tejados de las unidades 3 y 4 del reactor es esencial, así como el acceso a las salas de turbinas y a algunas partes del sistema de refrigeración de la central», declaró en un comunicado el director general de OIEA, Rafael Grossi.

¿Quién controla la central?

La central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, se encuentra a orillas del río Dnipro, junto a la ciudad de Enerhodar. Está bajo control ruso desde marzo del año pasado, pero la mayoría de su personal es ucraniano, que al principio fue obligado a trabajar «a punta de pistola» por las tropas invasoras rusas, según Petro Kotin, director de Energoatom, la empresa ucraniana que gestiona la energía nuclear.

Cuando comenzó la guerra, el 24 de febrero de 2022, uno de los seis reactores de la central estaba cerrado por mantenimiento. Después de que las fuerzas rusas tomaran el control de la central, los trabajadores ucranianos cerraron las unidades restantes.

Pero los combates continuaron en los alrededores de la central el verano boreal pasado, para grave alarma del OIEA.

Tras afirmar que en la central se habían «violado todos los principios de la seguridad nuclear», Grossi consiguió que su personal visitara las instalaciones en agosto, mientras seguían bajo control ruso.

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Grossi señala en un mapa la central nuclear de Zaporiyia, marzo de 2022. Crédito: Joe Klamar/AFP/Getty Images/Archivo

La «diplomacia personal» de Grossi, y la «valentía» del personal que le acompañó en esa visita, desempeñaron un papel enorme en la disminución de las posibilidades de un accidente nuclear en la central, según William Alberque, director de Estrategia, Tecnología y Control de Armamentos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

«Lo que está haciendo Grossi no tiene precedentes en la historia del OIEA», declaró Alberque a CNN. «Todo el asunto era decir: Rusia básicamente va a tener que matarme si quieren que esta central nuclear sea más insegura. Fue asombroso».

La misión del personal del OIEA, dijo Alberque, era «establecer un precedente de que estamos dispuestos a involucrarnos y a tratar de sacar esta pieza de ajedrez del tablero».

¿Sigue activa la central?

Mientras tanto, los ocupantes rusos siguieron impidiendo a los operadores ucranianos poner cada uno de los reactores en un estado más seguro de «parada en frío». Esto significa que la temperatura del reactor está por debajo del punto de ebullición, pero las bombas eléctricas que mueven el agua a través del núcleo deben seguir funcionando para enfriar el combustible y evitar la fusión, lo que requiere una fuente de alimentación externa.

La seguridad de la central se vio aún más amenazada por la rotura de la presa de Nova Kakhovka el 6 de junio, que redujo precipitadamente los niveles de agua utilizados para refrigerar la central. Ucrania acusó a Rusia de destruir deliberadamente la presa, afirmación que Moscú ha negado. Poco después, el 8 de junio, el último reactor de la central entró en «parada en frío».

Gracias a la actuación del OIEA y del personal operativo ucraniano, la central ha pasado a un modo de «parada en frío» más estable, lo que limita las posibilidades de que se produzca una catástrofe nuclear a gran escala.

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La central de Zaporiyia vista desde las orillas del Dnipro el 16 de junio, tras el colapso de la presa de Nova Kakhovka.
Crédito: Alina Smutko/Reuters

¿Podría producirse otro Chernobyl?

Como los reactores de la central se han enfriado, no. Si detonaran los explosivos de los que se ha informado, se «abriría un reactor frío, lo que expondría el combustible gastado al aire y propagaría algo de radiación», declaró Alberque a CNN.

«Del reactor saldría una columna de humo en la que habría radiación aerosolizada», dijo. Esto crearía una zona de radiación en la que «habría más probabilidades de cáncer durante los próximos 40 años», pero no recreará el tipo de destrucción que se vio tras la fusión de la central activa de Chernobyl en 1986.

«Los seis reactores de la ZNPP no se parecen en nada al reactor de Chernobyl y no pueden, NO PUEDEN, tener el mismo tipo de accidente», escribió en un blog Cheryl Rofer, experta nuclear y exinvestigadora del Laboratorio Nacional de Los Álamos.

«Chernobyl tenía un moderador de grafito, y el edificio en el que se encontraba no era del concreto fuertemente reforzado de los reactores de la ZNPP. Los reactores de la ZNPP tienen combustible de óxido duro encapsulado en metal, y están dentro de una vasija de acero inoxidable. Chernobyl no tenía tal vasija», añadió.

Según Alberque, los efectos de una catástrofe en Zaporiyia serían más parecidos a los de Three Mile Island (Pensilvania, 1979) que a los de Chernobyl (1986) o incluso Fukushima (2011).

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Socorristas asisten a un simulacro antirradiación el 29 de junio, en caso de emergencia en la ZNPP. Crédito: Stringer/Reuters

¿Beneficiaría a Rusia un incidente nuclear?

No está claro en qué beneficiaría a Rusia provocar una explosión en la central.

«Los vientos soplan hacia el este. Así que afectaría a los rusos. En términos de eficacia militar: cero. Es una estupidez», dijo Alberque. Cualquier incidente nuclear «solo sería un daño autoinfligido. Solo perjudicaría al territorio en manos rusas… No entiendo la jugada».

Además de no suponer un claro beneficio estratégico militar para Rusia, provocar un incidente nuclear podría ser contraproducente desde el punto de vista diplomático.

El diario Financial Times informó que el presidente de China, Xi Jinping, ha advertido personalmente a Putin contra el uso de armas nucleares en Ucrania, según funcionarios occidentales y chinos.

El Kremlin negó el informe, calificándolo de «ficción». Sin embargo, se suma a la sensación de que las continuas amenazas nucleares de Rusia están causando daños de reputación entre sus supuestos aliados.

Las partes enfrentadas no suelen agitar el espectro nuclear a la ligera. India y Pakistán, a pesar de llevar décadas enfrentados, acordaron en 1988 excluir las instalaciones nucleares de sus zonas de conflicto, reconociendo el riesgo que suponen los ataques de este tipo. Desde 1992 intercambian anualmente una lista de sus instalaciones nucleares para evitar cualquier accidente.

De ahí que las temerarias amenazas de Rusia puedan contribuir a un mayor aislamiento de Moscú en la escena mundial. «Si Putin hiciera esto [provocar una explosión en la ZNPP], ¿cómo la India, cuya postura es ‘a diferencia de Pakistán, somos la potencia nuclear responsable’,  podría decir que son amigos del tipo que acaba de volar una central nuclear?», dijo Alberque.

— Anna Chernova, Radina Gigova y Svitlana Vlasova, de CNN, contribuyeron con este reportaje.





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